
Rocío miraba despistada a través de la ventana, mientras jugaba con su pelo y dejaba que el café que tenía sobre la mesa se enfriase.
- ¿Qué te pasa, Ro?
Lucía parecía intrigada y divertida observando la expresión de su amiga. Rocío siempre había sido una chica alegre y simpática, sonriente y despreocupada, con unos ojos marrones muy expresivos, a juego con su sonrisa y haciendo contraste con su pelo castaño.
Rocío fijó la mirada en su amiga, y sonrió de medio lado. Removió el café que tenía sobre la mesa mientras suspiraba.
- ¡Eso es un suspiro de enamorada, Rocío! ¡Y dijiste que tenías algo que contarme!
Rocío levantó la mirada de su café y sonrió divertida, al ver la clara impaciencia de Lucía. Vaciló a la hora de hablar, y finalmente dijo:
- ¿Recuerdas que anoche te dije que había pasado algo fuera de lo común?, estuviste parte de la noche, y de hecho los asuntos fuera de lo común ocurrieron poco después de que te marchases.
Rocío volvió a bajar su mirada hacia la nada, mientras bebía un poco de café, y sonrió mientras dejaba la taza sobre el plato. Se quedó callada, sin darse cuenta de que nuevamente Lucía se estaba empezando a impacientar. Cuando se percató de esto, comenzó a hablar de nuevo antes de darle tiempo a su amiga de quejarse una vez más:
- Conocí a un chico, Lu. Cuando estaba sentada a la puerta del bar, pasó por la acera opuesta a la que estaba yo. Estaba sentada, bueno, ya sabes dónde. No esperaba que pasase nadie a aquella hora, pero apareció aquel chico, al oírle pasar alzé la vista del suelo, y vi que me estaba mirando. Sonreía, de forma angelical. Entonces yo le sonreí a él, no sé por qué, y se acercó. Se sentó a mi lado, y me preguntó por qué estaba tan sola. Le contesté que bueno, mis amigos estaban dentro y a mi no me apetecía entrar, que había salido un poco a despejar mi cabeza, y me había sentado allí. Me miraba fijamente, no era el tipico tio buenorro....pero algo me hizo sentir que cumplía todos los requisitos que debe tener un hombre para tenerme babeando, qué decirte, si ya me conoces.
Se miraron fijamente un instante, y ambas echaron a reír. Lucía preguntó, mientras zarandeaba el brazo de su amiga, qué había pasado después, y Rocío continuó su relato.
- Bueno, esta es la parte que yo no querría decir en voz alta, ¿sabes? - dijo riéndose- Me dijo que si me apetecía ir a dar un paseo, y yo, totalmente embobada, le respondí sin siquiera plantearme que podría... no sé, hacerme daño, o algo por el estilo. Pero bueno, tuve suerte, supongo. Estuvimos hablando durante horas, aun no me explico por qué. Atravesamos toda la ciudad con nuestro "paseo", hablamos de mil cosas, desnudé mi alma a un completo desconocido... no sabía qué estaba haciendo, pero me sentía bien, me sentía realmente bien. Me invitó a unas copas, en uno de los pocos bares que aún estaba abiertos, y cada instante que pasaba me atraía más y más. Eran casi las seis y media de la mañana, los bares estaban cerrando todos, y él estaba aquí por unos días, había venido a conocer la ciudad, estaba alojado en un hotel cerca del centro.
Rocío se quedó callada un buen rato, mirando hacia el cristal de la cafetería. Empezaba el otoño, comenzaba a hacer frío, se sintió ausente durante un momento, hasta que de repente Lucía rompió su silencio:
- Por favor, Rocío, ¡me estás dejando con la intriga! ¡no me has dicho nada sobre tu misterioso amigo!, continúa, ¡y no te saltes ningún detalle eh!
Rocío removió el café que le quedaba, le encantaban esas tazas enormes de café caliente, y mientras removía volvió a hablar.
- Me besó, Lucía, como podía esperarse. Y yo le besé, sentí que había tocado el cielo, sus labios eran dulces y carnosos, y su forma de besar al principio fue pausada, pero finalmente dejó que la pasión fluyese por sus venas, y comenzó a besarme de forma pasional y desenfrenada. Quería tenerle, sin ninguna duda, y fuimos a su hotel.
Se quedó callada un momento, y repentinamente comenzó a hablar de nuevo, sin que nadie dijese nada.
- Pasé la noche más increible de mi vida. Me sentí amada, totalmente amada y sin límites, era libre. Conocí lo más maravilloso que puede dar la vida, definitivamente.
Lucía tenía los ojos como platos, la boca abierta, estaba paralizada, atónita, sin dar crédito a lo que oía. Cuando volvió en sí, estaba emocionadísima:
- ¡Rocío! ¡¡Eso es alucinante!! ¿Cuándo se marcha? ¿De dónde es? ¿Va a volver?, y a todo esto, ¡no me has dicho cómo se llama!
- No, Lucía, no va a volver. Pasó, y ya está. Por lo que sé de él, que se llama ......, y por cierto, su corazón no tiene la libertad necesaria, él es de otra. Fue a mi en busca de calor, lo encontró. Volamos, volamos juntos, cada instante se ha quedado grabado a fuego en mi mente, pero no volverá, nunca, y no quiero que vuelva. Cuando experimentas algo tan maravilloso con alguien, tan único, hay que dejarlo ir, ¿sabes?, no podemos quedarnos esas cosas, lo compararemos constantemente con lo anterior, y comenzará a hartarnos, y nunca estaremos satisfechos. No quiero sentir otra derrota, ahora que he alcanzado, solo por una noche, las estrellas....
"Aunque la vida nos ha impedido llegar...yo te seguiré esperando...nunca te olvido...gracias por todas esas noches a mi lado, por las risas...por la pasión...GRACIAS...hombre de los mil sombreros"





3 Ha dicho que...:
Solo esqpero que el titulo sea unam metafora como lo es la historia. De todas formas ya te preguntaré ^_^
Rocío, corazón, sueña
onírica emperadora
cálida flor, soñadora
ideal de malagueña
Ojos de devoradora
tintes de piel marfileña
incendias cual seca leña
a la peña que te adora
Buena vida te depare
un dios loco, inexistente
el que grita “más, no pares”
No permitas, diligente
Al mundo te desampare
¡y que se joda la gente…!
historias de amores que terminan...y que siguen intactos en la memoria...
preciosa historia gemma...ç
un abrazo
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